martes, 1 de julio de 2025

UN AÑO MENOS

Al, finalizar este año escolar 2024-2025 pude observar en las redes sociales y en algunos dialogo con algunos colegas docentes una frase en tendencia ¨ UN ANO MENOS¨ Sin duda algunas la labor docente en los últimos 12 anos poco a poco se convertido en un trabajo agotador, deprimente que puede convertir cada jornada laboral en una lucha constante por la motivación. Al llegar cada día a los centros educativos los docentes viven una desmotivación donde las tardes se alargan y cada minuto se vuelve pesado: desde las primeras luces del día hasta el agotado regreso a casa, solo hay un recorrido lleno de tareas monótonas, metas imposibles y la sensación constante de que Con cada año que pasa, algunos docentes sienten que se acercan más a la libertad que les promete la jubilación. La pasión por educar persiste, pero se ve sofocada por un sistema lleno de trabas burocráticas, salarios congelados La evaluación que contempla la ley en su tiempo establecido, se ha violentado innumerables veces como si el MINERD quisiera poner apruebas el poder de lucha del sector magisterial, para luego levantar la bandera, que los docentes no le gusta trabajar. Sin incentivos económicos, el ánimo decae inevitablemente. Esa misma voluntad que una vez te impulsó radiante a comenzar un nuevo proyecto, hoy se ha convertido en una exigencia mecánica: cumplir horarios, elaborar cientos de actividades de aula que casi siempre los docentes tenemos que cotear con nuestro propio recurso. Las directrices del MINERD es vertical en presionar resultado y calidad. Pero horizontal en que exista recompensas real al final año escolar. El simple hecho de imaginar un aumento, un reconocimiento o una bonificación parece ahora una fantasía. La depresión laboral se instala lentamente: lo que comenzó como un reto profesional, ahora se manifiesta con pesimismo creciente. El cuerpo responde con cansancio crónico, las emociones se embotan y hasta los fines de semana pierden chispa. Parte de uno mismo queda atrapado en la rutina, devorada por la sensación de estar atrapado en una espiral donde se entrega más que lo que se recibe, y donde los sueños resultan cada vez más distantes imposible. Intentar mejorar la calidad de vida personal comprar una casa, un vehículo es dejar hasta de disfrutar hasta un almuerzo con calidad, Este tipo de entorno también mina la autoestima. Tener la convicción de que tu aportación vale lo mismo que el primer día, a pesar de haber ganado experiencia y haber enfrentado desafíos presiones y responsabilidades crecientes, crea un profundo sentimiento de injusticia. Uno de los factores que suele influir en la designación de personas poco preparadas en puestos clave es el clientelismo político o el favoritismo personal. En vez de priorizar el mérito, la trayectoria y la capacidad, se opta por recompensar lealtades, lo cual debilita el principio de profesionalización. Esto genera un ambiente donde la mediocridad se normaliza, desincentivando el esfuerzo y desmotivando a quienes sí poseen las competencias y el compromiso necesarios para liderar con responsabilidad. Pocas cosas resultan más tristes para un docente que ver cómo el esfuerzo diario por enseñar se ve opacado por la indiferencia del sistema. Es desalentador levantarse cada día con la vocación de formar, solo para llegar a un aula sin materiales, con pupitres rotos, techos que gotean y un salario que no alcanza para cubrir las necesidades básicas. La docencia, que debería ser una de las profesiones más valoradas, muchas veces se convierte en una lucha constante contra la precariedad, la burocracia y el olvido institucional. ¿Por qué? un año menos. En lugar de celebrar con entusiasmo un año más en el sistema educativo, muchos maestros solo pueden suspirar con resignación: “uno menos”. Lo que debería ser una ocasión de orgullo y alegría, un año más formando, guiando, dejando huellas, se ha transformado para muchos en un simple conteo hacia el final. El trabajo docente en los últimos 12 años es un empleo que exige sin dar, que erosiona sin ofrecer, y que atrapa sin consuelo material, ni emocional, se convierte en un lastre para la autoestima, la salud mental y la vitalidad diaria. Cada semana se siente como un trote sin fin hacia ningún lugar, esfuerzo sin gratificación y tiempo consumido sin destino claro. Pedro José Olivero Figuereo

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